Ratio de fracasos: un nuevo KPI de negocio


“If you want to double your success ratio, you have to double your failure ratio” Harvey Mackay

Hace unos meses, Reed Hasting, CEO de Netflix, expresaba su preocupación por el elevado ratio de éxito de sus producciones. Declaraba que era necesario disminuirlo, tener más fracasos. Esta idea contraintuitiva, cuestionándose los axiomas del  negocio, refleja un rasgo de los líderes de la economía digital.

Netflix es una empresa orientada a datos. Sus producciones frecuentemente se basan en el análisis de abundantes fuentes de información. Esto la permite anticipar lo que el cliente quiere y traducir ese conocimiento en futuros “blockbusters”. Basta asomarse al papel desempeñado por Big Data en House of cards para hacerse una idea.

Pero, una cosa es la tolerancia al fracaso (Big Data no es infalible) y otra bien distinta es convertirlo en un KPI de negocio. Entonces, ¿por qué Netflix necesita más fracasos?

Para dar respuesta, retrocedamos al año 1974. En ese año Queen componía su más celebre canción: Bohemian Rhapsody. Pero ¿quién podría haber pronosticado el éxito alcanzado durante las siguientes décadas? Ni su productor, ni ningún experto de entonces (Elton John, al escucharla por primera, exclamó: “Se han vuelto locos”) podría haber imaginado que una canción que dura 6 minutos y mezcla tantos estilos se convertiría en la canción más escuchada del siglo XX. El problema es que ninguna inteligencia, ni humana ni artificial, podría haberlo pronosticado. Podemos anticipar cuál será la canción del verano, pero no cuál será el próximo Bohemian Rhapsody.

Reed Hastings es ambicioso, quiere conseguir ambos tipos de éxitos. Pero producir el próximo Bohemian Rhapsody pasa por experimentar, por entrar en una dinámica de prueba y error, desafiando su conocimiento actual sobre el mercado y sus clientes. Por cada éxito habrá cientos de fracasos. Por eso su ratio es importante. Es un indicador del riesgo que asume la compañía en sus producciones. Hasting tiene la mentalidad de un inversor. Está dispuesto a invertir en una “cartera de nuevas producciones” bajo un par riesgo-rentabilidad óptimo. Sabe que asume riesgos, pero también que la recompensa es elevada.

Durante el último año hemos escuchado de forma repetida cómo las empresas deben desarrollar tolerancia frente al fracaso. Pero antes, necesitamos ampliar y redefinir su significado. Debemos, como los esquimales que son capaces de distinguir entre más de cuarenta tipos de blanco, ser capaces de distinguir entre múltiples tipos de fracaso: fracasar en la ejecución de un proyecto no es lo mismo que hacerlo en una prueba de concepto que conlleve algún tipo de aprendizaje. Tampoco es lo mismo cuando aplicamos una mentalidad de inversor que diversifica su cartera para optimizar el par riesgo-rentabilidad. Es precisamente esta última mentalidad la que define a los lideres de la economía digital.

No es que a Reed Hastings le guste el fracaso, sino que tiene una idea muy clara sobre su significado y el contexto de negocio en el que se produce.

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