El año de la redefinición por antonomasia


2018 es el año en que las empresas asumen que ser digital significa algo más que adoptar nuevas tecnologías. Estas son condición necesaria, pero deben ir acompañadas de una nueva mentalidad: un negocio digital es radicalmente distinto, tanto hacia fuera como hacia dentro. Por ejemplo, este año veremos cómo distintas empresas exploran IoT para ofertar productos y servicios basados en pago por uso. Estamos en un momento en el que cualquier sector apunta hacia una redefinición, lo que está por ver es la conversión del piloto a escala, del impacto anecdótico al transformador. La mayor parte de las pruebas de concepto no llegarán nunca a escalar. Pero, aquellas que lo hagan, ofrecerán fuertes recompensas. El coste de oportunidad de no experimentar es tan alto que los lideres del mercado invertirán, asumiendo riesgos y entendiendo cada “fracaso” como un aprendizaje. Esta es la nueva dinámica de la era digital: los primeros en llegar se lo llevan todo, aunque para ello tengan que recorrer un largo camino de prueba y error sin garantía de éxito.
El segundo aspecto que marcará este año es que la innovación vendrá más por combinar tecnologías ya existentes que en la aparición de nuevas. Incluso aquellas todavía inmaduras, como blockchain, comenzarán a combinarse de maneras insospechadas con IoT,  inteligencia artificial, realidad virtual o cloud. De todas ellas, la inteligencia artificial será la que alcance una mayor ubicuidad gracias a su capacidad de integración y potenciación de las tecnologías existentes: desde asistentes personales; actuando como interfaz de usuario en toda clase de servicios, hasta ser embebidas en todo tipo de soluciones SaaS, tanto aplicaciones empresariales como herramientas de productividad. Ello implica que desaparece el pensamiento mágico asociado a la inteligencia artificial, y es sustituido por un pensamiento pragmático, más consciente de las posibilidades, las limitaciones y la curva de aprendizaje.
El tercer factor que cobra relevancia este año es la “transformación cultural” de las empresas. Son cada vez más las empresas que empiezan a cuestionar la forma de entender el trabajo, incluso la propia organización. Está emergiendo un nuevo paradigma de colaboración y empoderamiento de los empleados. Así; por ejemplo, este año las metodologías ágiles dejarán de ser una aproximación marginal para ser adoptada por un grupo significativo de empresas, que incluye a la mediana empresa. Este enfoque va más allá de la actividad de desarrollo, y se extiende a otros procesos, y se combina con enfoques lean y de design thinking. Para los que están a la vanguardia, el reto va a estar en extenderlas desde el departamento de sistemas a toda la organización.
Por último, no hay que olvidar que todas las iniciativas tecnológicas estarán marcadas por la nueva regulación GDPR que entra en vigor en unos meses, así como de otras regulaciones sectoriales, que tendrán un fuerte impacto. Este año su cumplimiento va a ser una prioridad en la empresa. Pero aquellas visionarias irán un paso más allá y cambiarán su modelo de relación con los clientes y los empleados, siendo por un lado más transparentes y por otro otorgando mayor control a la persona sobre el uso que se hace de sus datos. Estas empresas nos mostrarán cómo se compite en la economía del dato.
Este artículo ha sido previamente publicado en computerworld

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