La aritmética de la privacidad (I)


Durante los próximos años la privacidad va a ocupar un espacio central en el debate social. Los avances tecnológicos como Big Data o el Internet de las cosas están forzando una redefinición del concepto, toda vez que sus fronteras tradicionales se diluyen. ¿Es la privacidad la única barrera frente a unas empresas que aspiran a conocer todo sobre nosotros?

Recientemente en la cumbre de Davos se ha discutido sobre la necesidad de una redefinición del concepto de privacidad, llegando a declararse que la privacidad tal y como la conocemos ha muerto.

Las fronteras de la misma se diluyen a medida que las empresas capturan y analizan nuestro “rastro” digital. La capacidad de las empresas para conocer más sobre nuestra vida privada aumenta con el uso de algoritmos capaces de anticipar nuestro comportamiento o de conocer cosas que ni tan siquiera nosotros conocemos sobre nosotros mismos.

Pero ¿Saben los algoritmos cuáles son los límites de nuestra privacidad? Un dato aislado puede ser inocuo pero cuando se combina con otros la información que se obtiene puede resultar intrusiva.

Partiendo del principio de que los individuos debemos tener libertad de elección respecto al grado de privacidad que deseamos, las empresas pueden definir estrategias que permitan a todas las partes beneficiarse.

Para ello, el primer paso será identificar qué factores juegan un papel relevante en nuestra decisión, cómo se relacionan estos factores entre sí y cuál es su impacto global. A continuación las empresas podrán plantear distintas hipótesis y testarlas, eso sí, teniendo en cuenta que la formulación puede evolucionar a medida que la regulación y la tecnología avancen.

Descomponiendo la privacidad

Los factores relevantes que afectan a la privacidad van desde la propiedad de la información hasta el valor recibido como contrapartida por ceder, dar o donar – en adelante, ceder- información sobre nosotros mismos.

Cada uno de los siguientes aspectos inciden en nuestra propensión como individuos a ceder parte de nuestra privacidad:

  • Propiedad: ¿De quién son los datos? ¿Puedo recuperar los datos que tienen sobre mi y llevármelos? ¿Son portables?
  • Confianza: ¿Está bien custodiada la información? ¿Existen medidas de seguridad que eviten su robo?
  • Acceso: ¿Puedo acceder a la información que existe sobre mi?¿Y “auditar” el uso que se está haciendo?
  • Credibilidad: ¿Ha adquirido la empresa algún compromiso respecto a mi información? ¿Cumple sus promesas?¿Cuál es el historial de la empresa al respecto? .
  • Intimidad: ¿Son mis datos utilizados de forma agregada? ¿Cuál es la naturaleza de la información? ¿Y el grado sensibilidad de la misma? ¿Quién tiene acceso?
  • Trasparencia: ¿Están publicadas las políticas de privacidad? ¿Son comprensibles?¿Notifica la empresa los cambios que realiza?
  • Control: ¿Puedo borrar o modificar la información que tienen sobre mi?¿Puedo decidir qué datos se recogen y cuáles no?
  • Valor: ¿Cómo se va a beneficiar la empresa con mis datos? ¿Los va a vender o compartir con terceros? ¿Qué obtengo a cambio? ¿Cuál es el valor que aporta a la sociedad?

La lista no pretende ser exhaustiva pero si dar una idea de cual podría ser la “aritmética” de nuestra privacidad. Cada sector tendrá que considerar sus idiosincrasias, la naturaleza de la información que maneja, la tipología de clientes y las nuevas tecnologías que vayan apareciendo para encontrar su propia estrategia.

Fernando Maldonado, Associate Research Analyst @ Delfos Research

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